viernes, 29 de julio de 2011


HAbía una vez una casa, ahora ya no tiene tejado...

jueves, 14 de julio de 2011


Yo, la miro embelesada, y poco más tengo que contar... Andamos esperando las vacaciones con ganas, el arreglo del tejado con ansiedad, el fin de mi contrato con ganas locas...la mirada puesta en el futuro próximo, intentando vivir y disfrutar el presente, sin volvernos majaretas.
Ella, maravillosa.

martes, 3 de mayo de 2011

luchas campesinas

Dedicado a Teresa, que me sigue y parece que me echa de menos.











Pues no escribo apenas, porque Nora se lleva todo mi tiempo entre darle de mamar, atenderla en sus necesidades afectivas y de atención de otro tipo, llevarla en cuello, no dejarla sola, pasearla, enseñarle el mundo, observarla, en fin, todas esas cosas que requiere un bebé que acaba de cumplir cuatro meses.
He conseguido ir con ella a la huerta al principio, en la mochila, y sembrar escanda y ajos. Hace poco ya he podido colgarla en mi espalda con el fular, y así sallar las cebollas, plantar algunas cosas y hacer algún bancal. El trabajo se hace seis kilitos más pesado, así que algo más lento y trabajoso, y con paradas para darle de mamar y hacerle alguna gracia, porque en este primer mundo no tenemos la necesidad de llevarla y hacer cosas durante todo el día sin atender su desarrollo. Como me pasaría si fuese una indígena de cualquier otra cultura, que trabaja todo el día con su bebé a la espalda sin tiempo para mirar para ella, a causa de la misma necesidad. Aún así, hay días que me he agobiado bastante por no poder hacer otras cosas relacionadas con otras ilusiones, con mi desarrollo personal y mi trabajo en casa. Pero luis siempre me ha recordado, entonces, que estoy criando y que toda la dedicación que pongo en ello es en sí un trabajo.
La casa se resiente, no está tan limpia y ordenada como me gustaría. La leña amontonada espera ser partida y ordenada en la leñera. Los tomates, pimientos, calabazas y calabacines están aún sin plantar y ahora la huerta apenas nos da algunas lechugas para comer, pues ya la verdura del invierno espiga apresurada a causa de los calores primaverales.
Mientras, ella crece, engorda y va aprendiendo cositas. Ya sabe coger objetos con sus dos manitas y se los lleva rápido a la boca, para probar a qué saben las diferentes texturas y materiales. Se ríe, es una niña tranquila y feliz que agradecida sonríe a cualquiera que le dice algo. Ahora ya va extrañando y reclama estar con su mamá, su hábitat natural.
Hasta ahora nos hemos resistido al cochecito, sillita, cuna, cualquier lugar donde se la deje sola sin contacto físico, y sobre todo la porteamos junto a mi pecho o a veces el de luis, para que se sienta protegida y tranquila. Esto nos ha limitado mucho la acción, sobre todo a mí, pero a la vez es muy agradable estar junto a ella dándole lo que más necesita, nuestro amor.
Mañana vuelvo al trabajo, de ocho a tres todos los días, y he estado aterrada ante este cambio que se avecina en nuestras rutinas y horarios. Probablemente llorará mucho y me echará de menos. Estamos preparados, tenemos pensados los espacios de lactancia a lo largo de mi jornada para que cada dos horas me vea y poder abrazarla y tranquilizarla y que de este modo vaya adaptándose despacio, sin sufrimiento, a la nueva jornada, y sin perder la lactancia, que hoy en día está demostrado lo importante que es para un buen desarrollo de la autoestima y la salud.
Desearía a veces vivir en otro país con una baja maternal más larga, donde el estado mismo comprenda lo importante que es ayudar a crecer a nuestros bebés sin separarlos de su madre, pero aquí, mis dieciséis semanas tocan a su fín.
Ahora mi tiempo será aún más limitado. Espero ir adaptándome para poder llevar a cabo todas mis tareas, mantener mi actividad en el grupo de semillas y también en las tierras colectivas, a la vez que una crianza sana, pues para ella deseo lo mejor, como cualquier madre. Aunque me haya rendido con los pañales de tela, sigo con la esencia de la crianza natural adelante.
En la foto, Nora y yo "celebrando" el 17 de abril, día internacional de las luchas campesinas. Soberanía alimentaria YA.











domingo, 6 de marzo de 2011

duerme

Duerme. Por fin. Llevábamos intentándolo desde la 1 del mediodía! Ella llorando porque estaba cansada pero a la vez mirando todo con los ojos bien abiertos, y así distraída con el mundo nuevo que ahora puede observar, incapaz de dormir. A veces siento que es como yo, que me cuesta mucho dormir durante el día y si estoy cansada tengo ganas de llorar por cualquier cosa. Es fácil proyectarse una misma en su propia hija…


Engorda. Las piernas rechonchas se mueven sin cesar y ella sonríe y hace ruiditos, satisfecha, bien alimentada, cuidada, querida. Y mientras, yo no sé cómo estoy yo. Feliz de estar con ella, feliz de ser madre, tranquila en general, pero a veces, a veces extraña. Ya no duermo, ya no cultivo, ya no hago planes incesantes, ya no sé cómo va a ser mi vida, qué podré y qué no podré hacer. La imagino con seis meses, con un año, con tres años, y no veo momento de descanso. Abruma la atención que voy a tener que dar y la que me voy a tener que dejar de dar.

Los proyectos de futuro se confunden, la economía, los sueños, ahora todo debe amoldarse a ella. Qué haré? No lo sé.

Tengo miedo de volver a trabajar, de separarnos, de sufrir y de que sufra, de no poder seguir con la lactancia. Ayayayay cuánta indeterminación. El futuro siempre fue incierto, nada nuevo.

sábado, 15 de enero de 2011

miércoles, 5 de enero de 2011

más

Vino. Nació de mí. Empujaba con una fuerza imparable, desconocida, la fuerza de la naturaleza arrolladora que me abría, sin que yo pudiera hacer nada aparte de sorprenderme y entregarme. Lo más impresionante del parto es esa fuerza con la que el bebé nace, y la madre dejándose hacer, entre miedos, dolores, certezas. Yo sólo sabía que ella iba a nacer hiciera lo que hiciera yo. “Va a nacer igual” les decía yo a la médico y la matrona que me instaban a empujar, porque sentía como ella empujaba y yo sólo tenía que acompañarla en su movimiento implacable.


Luego la ves salir y durante fracciones de segundo no se mueve, el tiempo se congela, el padre y la madre miran expectantes…hasta que escupe y respira. Respira, está bien! Todo es alegría entonces. Si no te la entregan la angustia es infinita, la espera se hace eterna aunque sean sólo dos minutos, ya llevas nueve meses esperando y el último mes fue larguísimo!

Por fín la pusieron sobre mí y estuvimos juntas dos horas. Estas en cambio, pasaron volando, como si fueran los mismos dos minutos de antes. En esas dos horas reptó por mi cuerpo empujándose con sus pies diminutos hacia mi pecho, buscando alimento, calor, buscándome a mí, a mí, su madre. En una media hora o menos estaba mamando, re-encontrándonos la una con la otra fuera de mi barriga. En el nuevo mundo, nuevo para las dos, pues el mio ya es otro que no tiene nada que ver con el anterior.

Tras muchas visitas de médicos, enfermeras, familiares, amigos y allegados, estamos en casa adaptándonos a esta nueva vida. Dormir a ratos, dar de mamar, consolar llantos, cambiar pañales, y luis lavar ropa, cocinar, subir leña y preocuparse por nosotras, por si tenemos frio, sed o hambre, cada pequeño detalle atendido.

Hay muchas horas que pasan como si no existieran, entre dar la teta, duerme cinco minutos, se despierta y más teta. Mañanas enteras o tardes, sobre todo tardes, que no me deja apenas hacer pis, donde ella es lo único importante. Suena el móvil cada poco y no lo cojo, ya iré llamando yo a la gente cuando pueda. Una mano para ella y la otra para el móvil es demasiada atadura, además a veces ella reclama las dos manos y se hace imposible.

Se agradecen las atenciones, las visitas, las llamadas, los regalos, pero quizás llega todo demasiado junto y demasiado pronto, a lo mejor dentro de un mes se agradecerían más aún, pues ahora estamos todavía adaptándonos a la nueva vida y aún cansados de tantas emociones y tantos cambios.

La vida sigue, como siempre, y ruge y corre, como decía aquella pegatina que no recuerdo de dónde salió. Las puertas nuevas se abren a sorpresas siempre inesperadas y los humanos nos adaptamos a los cambios con alegría, al menos yo. También con sufrimientos, claro está, pero de ellos disfruto porque ya los reconozco como signos de que estoy viva. Estamos vivas.

viernes, 31 de diciembre de 2010

NORA BUENA

Al final si que nevó... y llegó ella con el frio. Nora ya está aquí con nosotros, mamando, existiendo, abriendo los ojos, moviendo los pies y las manos. La noche más fria del año trajo consigo esta niña, el día del nacimiento del dios Sol, 25 de diciembre, fun, fun, fun.